La llamada nueva era del conocimiento se caracteriza por la globalización de los mercados, el desarrollo tecnológico y el creciente flujo de información que acompaña a este movimiento. Estos dos últimos aspectos tienen una interrelación muy directa en su desarrollo y crecimiento, y de forma conjunta impactan en el valor e importancia del conocimiento en la gestión empresarial, provocando con ello nuevas formas de desarrollar los negocios, de estructurar la organización empresarial y de promover el conocimiento como activo crítico para competir en los nuevos escenarios económicos que la tecnología está propiciando.
Los espacios virtuales son áreas de comunicación sin una presencia física permanente, aunque pueden disponer ocasionalmente de dichos espacios, pero éstos no son nunca la característica que define la existencia o valor del espacio virtual. El espacio virtual se define por la afinidad entre sus miembros y la posibilidad real de compartir sin competir, dentro de un colectivo extenso y geográficamente disperso de cara a los objetivos comunes. El interés común y las áreas de comunicación lo pueden ser de intercambio de información temática, de una posible cooperación ante la existencia de intereses comunes, y de la acción conjunta frente a problemas u objetivos compartidos.
En los espacios y comunidades virtuales el modelo jerárquico de la organización presencial tiende a diluirse en un marco extenso de relación de muchos con muchos, de dinámicas de aportaciones temporales, de liderazgo compartido y donde es más importante la afiliación al grupo por el valor y efecto de lo que cada uno aporta y extrae, que la existencia de unas reglas deterministas del comportamiento sobre unos roles prefabricados con anterioridad.
El espacio virtual nunca existe mas allá de los usos compartidos y de los miembros que los mantienen, y por su naturaleza inmaterial es construido y destruido con enorme facilidad, pues los costes y los riegos son siempre muy bajos. Por todo ello la velocidad de crecimiento de los espacios virtuales es muy alta en algunos casos y muy lenta en otros. En los primeros existen unas circunstancias que consiguen las dinámicas óptimas de intercambios, ya que si se sabe poner en común el interés de muchos miembros potenciales, el grupo crecerá rápidamente, y porque ser miembro es casi siempre una decisión individual y no comporta los esfuerzos y dificultades propias de la movilidad que caracteriza a las organizaciones presenciales, ni la toma de decisión colectiva.
Los espacios virtuales pueden construirse sobre grupos formalmente establecidos como comunidades de trabajadores dentro de una unidad organizativa de una empresa, o dentro de colectivos pertenecientes a una comunidad social. Entre sus miembros se comparten recursos y servicios próximos como es el caso de las redes ciudadanas, o también entre miembros distantes que no se conocen y establezcan vínculos por razón de actividades, creencias, aficiones o valores comunes, como pueden ser las redes de organizaciones deportivas, sociales, educativas, etc., llamadas en general comunidades virtuales.
Estos espacios virtuales incorporan una serie de atributos que permiten que entre sus miembros se desarrollen casi siempre y a veces de forma no explícita, actividades muy relacionadas con la captura, selección y construcción del conocimiento de sus miembros, sobre el área temática específica de la comunidad . Casi todos los espacios incorporan lo que llamaríamos información de interés para el colectivo que en forma de noticias, textos y bibliografía, diccionarios, formación, servicios y referencias a las distintas asociaciones que los proporcionan.
La comunidad o espacio virtual tiene necesariamente que incorporar de forma continua, so pena de ser rápidamente abandonada, contenidos de interés y en tanto que esto es así captura, organiza y presenta contenidos de conocimientos de valor significativo para sus miembros actuales y potenciales. La comunidad virtual tiene que manifestar actividad de valor para sus miembros pues el un no uso es lo mismo que el abandono y destrucción del espacio. Aquí los activos se oxidan muy rápidamente, y el deterioro por el tiempo es implacable. Por ello debe dotar a sus contenidos un carácter dinámico que dé validez y actualización a la información que propone y que almacena. Si esto es así, ser miembro de la comunidad supone una garantía y un referente continuo para estar al día, y por ello la pertenencia es una garantía avalada por un colectivo importante para estar en un cauce de formación y aprendizaje continuo. Los espacios virtuales y para que así se llamen o tengan su capacidad de influir en el desarrollo del conocimiento en los individuos tanto dentro de las empresas como en otros tipos de comunidades de interés, deben reunir una serie de requisitos tales como:
Socialización. Un espacio virtual no es un punto electrónico de intercambio de información, sino un espacio de pertenencia de sus miembros unidos por una posición común frente a un problema, un objetivo o un área de interés que adopta diferentes facetas para sus miembros. La socialización que se logra mediante los mecanismos de pertenencia tales como la comunicación horizontal, el registro, los símbolos compartidos, la posibilidad de aportar valores al conjunto, y a través de ciertos mecanismos de reconocimiento de las aportaciones de las personas participantes para construir el conocimiento de sus miembros. Estos espacios en tanto que estando centrados en un tema especifico y reconocido por todos, pueden reunir fuentes de información que aportan los distintos miembros haciendo del enfoque pluridisciplinario y en cierta medida universalista un buen cauce para la formación en los distintos conceptos y formulaciones de la materia.
Coordinación, dirección y animación. Un espacio virtual requiere de una acción continua de dinamización de lo que allí ocurre y de una potenciación de las iniciativas individuales provenientes de la propia creatividad de sus miembros. Un espacio virtual es dinámico o se extingue. Es este dinamismo el que genera la adicción al espacio en tanto la participación continua y de mayor nivel de implicación supone una mayor cuota de gratificación, de estar al día y por tanto participar, por el desarrollo del propio conocimiento del individuo y por su valor relativo y reconocimiento de los demás de la comunidad.
Un contenido propio, de valor y con atractivo para la comunidad de usuarios. Un espacio virtual no es un cajón vacío que se llena con cualquier cosa. De aquí se deduce que el conocimiento de los intereses de los miembros de la comunidad en relación con el tema en cuestión es fundamental para saber acertar en los contenidos de valor para sus miembros, y en las actividades que van a permitir incentivar y coordinar el desarrollo de la vinculación mutua de los miembros de la comunidad virtual.
Unas actitudes y habilidades de comunicación abiertas. El conjunto de miembros de la comunidad no debe encontrar obstáculos insalvables en el uso de los medios tecnológicos con los que se participa, y por su propia experiencia anterior debe disponer de ciertos hábitos desarrollados para la comunicación abierta . Aún cuando estos hábitos se desarrollan progresivamente en la propia comunidad virtual, una posición de origen muy contraria a los mismos puede limitar la capacidad real de participación y con ello provocar el abandono definitivo de la misma.
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